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¿Colo Colo es Chile? (o porqué Paredes no debería ser capitán, aunque lo ame)

Por Javier Manríquez (@guororororoi), creativo y socio de La Casa Común


Administrado por una Sociedad Anónima reñida con la ley y la moral, con resultados paupérrimos desde todo punto de vista, sumida en la soberbia, la impunidad, y más preocupada de su propio bolsillo que de cuidar al resto, Colo Colo es Chile.


En pleno septiembre, previo al 18, en mitad de una pandemia, poco antes del plebiscito por una nueva Constitución y del primer aniversario del estallido social, bien vale mirar esa frase tan del hincha, que por cierto tiene muchas lecturas posibles. ¿Qué significa ser Chile? ¿Cuál es el Chile que somos?¿Cuál es el Chile que queremos ser?


Hoy el 10 de Colo Colo, Leonardo Valencia, enfrenta no sólo acusaciones de violencia intrafamiliar por parte de su ex pareja Valeria Pérez, sino que ya ha sido sentenciado por la justicia previamente. Por otro lado, Esteban Paredes, el capitán, ídolo, y goleador histórico del fútbol chileno, hace unos meses publicó su apoyo a Sergio Morales, su agente, quien está acusado de violación y abusos sexuales por su hija y su hijastra. El delantero no solo entregó su apoyo, sino que además desacreditó el testimonio de las víctimas.


Como hincha, debo reconocer que me es difícil criticar a alguien por quien siento tanto cariño, y quien es quizás el último ídolo del club que amo. Uno tiende a idealizar, a llenar de épica esas tardes y noches de alegrías, las frustraciones ahogadas en goles hermosos. Pero cuando, con nostalgia, uno asegura que Paredes es el último representante “de un mundo que se va”, la realidad nos enrostra que ese mundo no solo habla de la cancha de barrio y las viejas glorias, sino también de una cultura de violencia y de silencio históricos. Y que está muy lejos de irse.

Según la legislación chilena (ley 20.480), un femicidio es el asesinato de una mujer realizado por quien es o ha sido su esposo o conviviente. En cifras del Ministerio de la Mujer, al 10 de septiembre de 2020, en Chile se registran 27 femicidios consumados y 86 femicidios frustrados. Solo entre 2013 y 2019, fueron 291 las mujeres asesinadas y 766 las que sobrevivieron a un intento de asesinato por la misma causa.

Dentro de la cultura colocolina, las “madres” son la ridiculización del rival a vencer. Todo aquello que resulte malo es femenino, y la violación es siempre un sinónimo de dominación. Colo Colo es el padre que prevalece, la “U” es la madre a la que se somete. Este es el folclor no solo de Colo Colo sino que de nuestro fútbol. Las mujeres son la peor comparación posible en colegios, estadios y en general dentro de la mayoría de las interacciones que experimenta cualquier persona al crecer.

En todas las clases sociales, desde un ciudadano hasta el Presidente, (que no pierde ocasión para denostar a la mujer cada vez que puede), hay abuso, violencia física, o verbal contra todo aquello que parezca femenino.


¿Qué pasa entonces cuando en el club más grande de Chile se evidencia lo que siempre ha existido?

Blanco y Negro, la S.A. que administra el club, emitió un comunicado al respecto. Parte explicando que tomó hace poco “conocimiento de la situación familiar” de Valencia, cuando el jugador ya hace dos años tuvo problemas con su visa de trabajo en Brasil por la misma causa. Luego, aseguran que “la causa la verán los tribunales de justicia”, cuando el jugador ya ha sido condenado antes, por lo que la responsabilidad moral de la entidad es inmediata. ¿No se les ocurre que con todo el impacto que la institución tiene, algo pueden hacer frente a un caso así?

Para finalizar, añaden que están comprometidos con la equidad de género, como si eso los excusara de su inoperancia previa, e incluso (porque por-qué-no) aseguran que hay representación femenina en todos sus estamentos. Pues bien: todos los directores de ByN son hombres. La única mujer que se puede encontrar en los registros sobre la gerencia es Patricia Leal, secretaria de Gerencia.


Ser hincha de un club es una forma muy especial de amor: la camiseta se vuelve un espacio simbólico, el nombre se transforma en una historia, y esa historia nos acompaña a todas partes. El Club Social y Deportivo Colo Colo se apresta a cumplir 95 años de existencia, con la camiseta blanca por la pureza de las intenciones y el pantalón negro por la seriedad del proyecto. Mientras tanto, en el directorio de ByN figuran personajes de la talla de Gabriel Ruiz Tagle, involucrado en la colusión del confort, en los más de 4.000 millones de pesos objetados por Contraloría en la organización de los juegos Odesur mientras era ministro, y recientemente en un caso de uso de información privilegiada; Leonardo Battaglia, abogado defensor de Karadima y del ex general Eduardo Gordon, formalizado por el fraude de Carabineros; y Ángel Maulén, condenado a 3 años de libertad vigilada por los delitos de soborno y lavado de activos en el caso “CNA”.

Esta es la estatura moral de quienes dirigen los destinos del equipo más importante de Chile, y los que están actualmente en medio de un tema tan delicado como lo es la violencia de género.


Los casos de Valencia y Paredes son símbolos, pero no los únicos exponentes, de la violencia al interior de la sociedad chilena. Tras ellos hay una tradición de códigos, costumbres, cultura y educación, que se extiende hasta cada uno de los directores de Blanco y Negro. Porque en su rol de dirigentes son responsables, y su silencio los hace cómplices. Y mientras Valencia juegue, son cómplices dos veces.


Si Colo Colo es Chile, como nos gusta decir, ¿qué pasa en Chile con los maltratadores?¿Con los abusadores?¿Qué pasa con ellos cuando están en una situación de poder?¿Cuándo no tienen recursos?¿Cuál es la responsabilidad de los empleadores? Según datos de la Subsecretaría de Prevención del Delito, sólo durante este año se han registrado 42.453 casos de violencia intrafamiliar contra la mujer y 5.568 abusos y delitos sexuales en general. Si suponemos que cada uno de esos casos de violencia fue perpetrado por un hombre, ¿deberían estar esas 42.253 personas sin trabajo?¿Debería Leonardo Valencia nunca más jugar al fútbol? Por cierto que lo primero es que el jugador enfrente las consecuencias legales de sus actos, pero pienso también que no debería bastar con eso. Es más profundo. Las causas de la violencia no van a desaparecer con su despido.

¿Entonces qué pasa? Y por otro lado, ¿qué pasa también con todos esos casos de violencia y abuso que no salen a la luz pública? No solo en el fútbol, en la política, en nuestro día a día.

Es urgente que todos los estamentos de la sociedad se comprometan y se hagan responsables realmente de una profunda transformación estructural, tanto política como cultural, de nuestra sociedad. El fútbol, por supuesto, es un agente fundamental de cambio. No basta con dar una señal y después irse para la casa. A nivel institucional, Blanco y Negro y Colo Colo están llamados a ser protagonistas de este proceso: cuando Valencia entra a la cancha y es alabado en Copa Libertadores, nos acostumbramos a que la violencia no tenga consecuencias de ningún tipo. Y en esto falla, primero, la dirigencia.


A nivel personal, puedo llegar a entender el comportamiento de Paredes. Seguramente Morales le recontra juró su inocencia y él le creyó, seguramente son amigos de años, quizás hasta le ayudó mucho cuando estaba partiendo. En el camarín esos códigos se respetan.

Pero necesitamos cuestionar ese código. Por mucho que le crea a su amigo, Paredes no puede decir que los testimonios de Ignacia Santa María y Nicole Morales son mentiras “para causar daño y conseguir dinero”. Tiene, y tenemos, que sensibilizarnos al respecto. Yo no sé si él será consciente de que lo que hizo también es una forma de violencia, que está re victimizando, que está usando su posición de poder para dirigir la opinión de sus millones de seguidores contra dos mujeres en una situación de mucha vulnerabilidad. En su cabeza quizás obró bien, pero resulta que podemos tener las mejores intenciones, y aún así equivocarnos horrorosamente. No solo eso: podemos tener las mejores intenciones y aún así hacer mucho daño. Pienso que no solo es importante condenarlo, sino que él entienda por qué estuvo mal.


Esteban Paredes es un tipo que nunca le negó una foto a nadie, que siempre estuvo para la causa social que se lo pidiera, y que colabora activamente con la organización solidaria de los hinchas. Y aún así está encubriendo a un presunto abusador.

A nadie le gusta verse a sí mismo como un villano, nadie se imagina actuando mal. Pero podemos serlo. Todos podemos serlo. Todos lo hemos sido.


Sergio Morales fue sobreseído de una de sus cuatro causas porque los hechos que se le imputan ocurrieron fuera de Chile, y el fiscal declaró que no tenía las competencias para

investigar. Esto no significa que sea inocente. El testimonio está valientemente ahí afuera. Todos lo podemos leer. Y aún hay tres querellas en curso.


En el caso de Paredes, podemos fallar atrozmente, pero no estamos condenados a ser malas personas para siempre. La diferencia está en cómo vamos a tomar conciencia de ese error, y cómo nos vamos a hacer cargo.


¿Qué debería o qué podría hacer Colo Colo? Lo primero, según se ha pedido hasta el cansancio, es separar a Valencia del plantel. Que siga jugando, impune y sonriente ante las cámaras, es una ofensa tanto para su ex pareja como para las miles de mujeres violentadas en este país. Da el mensaje que a Colo Colo la violencia de género le da lo mismo.

Por otro lado, es importante también preguntarse qué pasará con el jugador. Es necesario que Blanco y Negro se haga cargo a nivel personal y social del caso. Que dé una señal potente, que use su influencia, su poder, para impactar positivamente en la sociedad. ¿Cómo va a actuar frente a esto un club que no sólo es deportivo sino también, literalmente, social? Esperemos que la mesa de trabajo que formó la concesionaria, que incluye a mujeres representantes del club social y de la rama del fútbol femenino, pueda decir y ser escuchada al respecto.


En relación a Paredes, yo con toda humildad lo invitaría a tomar conciencia. Sus declaraciones son una mancha negra y triste en una carrera deportiva impecable. Luego, más tarde, su forma de reparar, yo no la sé ni la puedo saber. Quizás es no decir nada más, quizás es pedir disculpas, públicas o privadas, quizás es otra cosa. Estoy seguro que hay mujeres y personas mucho más capacitadas que yo para iluminar este asunto. La comisión de género Rosario Moraga del CSYD, para empezar.


Como colocolinos y como chilenos, en vísperas de una nueva Constitución y de un nuevo Chile, más cariñoso, empático, y sobretodo justo, tenemos que partir por casa, aunque nos duela. Mientras Esteban, con lo mucho que lo quiero, no se haga cargo de sus actos, no debería seguir portando la jineta. No nos hace bien como cultura, y no habla bien de nosotros como equipo. Los símbolos son demasiado potentes para eso, este es el club donde Carlos Caszely le negó la mano al dictador. Aún puede, sin embargo, enmendar su error, y sería un buen gesto en su calidad de referente. Por otro lado, mientras Valencia siga siendo titular, la institución va a seguir abriendo una herida que ya es demasiado grande, y que duele demasiado a miles de mujeres en Chile. Que nos debería doler como país.


Finalmente, y sobretodo, no podemos obviar a quienes más deberían aparecer, estar a la altura de la historia y hacerse cargo de su enorme responsabilidad en todo esto: la concesionaria Blanco y Negro. Son ellos los que tienen que responder, en su calidad de empleadores y de agentes políticos y sociales. No pueden, como están acostumbrados, seguir lavándose las manos. Su plata, como también suele ocurrir en Chile, no los puede eximir de esto.




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