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OPINIÓN | Desafíos de la minería a 50 años de la nacionalización del cobre

Actualizado: jul 28

Por Willy Kracht, Director del Departamento de Ingeniería en Minas de la Universidad de Chile y socio de La Casa Común.


El 11 de junio se cumplieron 50 años de la nacionalización del cobre, un hito que marcó la historia de la minería y que permitió levantar una épica que se tradujo en un mayor interés por trabajar en esta industria y asumir la responsabilidad de mantener el funcionamiento. El proceso de chilenización primero, y el de nacionalización después, instalaron el desafío de hacerse cargo de la minería por el futuro de Chile.


El progreso de la humanidad ha requerido y seguirá necesitando el suministro de minerales y metales, lo que hace muy difícil, tal vez imposible, concebir un mundo sin minería. Medio siglo después de la nacionalización del cobre se ve muy lejano, incluso ajeno, el interés de esos años por involucrarse en minería. Seguramente la explicación está en la creciente conciencia ambiental que hemos desarrollado como sociedad.


Si alguna vez las instalaciones industriales eran vistas como un símbolo de progreso, hoy las vemos con una genuina preocupación por el impacto que ese progreso implica en el entorno local y en el medio ambiente en general. No podemos desconocer que la minería es una actividad de alto impacto y que, a pesar de todos los esfuerzos que hagamos, ese impacto no se puede reducir a cero. Se presenta entonces una tensión difícil de resolver y que se manifiesta en que, a pesar de los esfuerzos que hace el sector por minimizar los efectos de esta industria, no se ha traducido necesariamente en una mayor aceptación ni en un mayor interés por involucrarse en la minería.


Paradojalmente, es la preocupación por el impacto medioambiental la que se presenta hoy como un llamado a volcarse a hacer una mejor minería para hacer frente a un desafío que no es solo de carácter local, sino global. En el contexto actual de crisis por el calentamiento global estamos llamados como humanidad a limitar nuestras emisiones de gases de efecto invernadero. Esto tiene como consecuencia que debamos evolucionar en la forma de generar energía hacia formas limpias, basadas en energías renovables. Este proceso, que recibe el nombre de transición energética, impone un desafío al sector minero ya que la generación de energía limpia no solo requiere de más cobre y litio que el que se consume actualmente, sino también que este cobre y litio sean producidos de forma limpia. Se configura potencialmente un círculo virtuoso entre la transición energética y la necesidad de una minería más limpia: necesitamos una minería más intensiva, pero de bajas emisiones, para producir la energía limpia que la humanidad requiere. A su vez, la disponibilidad de energía limpia tributa de manera directa a la reducción de emisiones de la propia minería.


Hace 50 años nos tocó enfrentar un desafío épico de alcance local, como chilenos y chilenas fuimos llamados a hacer minería por el desarrollo de Chile. 50 años después, somos llamados a complementar este desafío con uno de alcance global, el de producir cobre y litio de bajas emisiones para hacer frente al calentamiento global. Se presenta así la posibilidad construir una nueva épica, asociada a la posibilidad real que tenemos de jugar, en tanto país minero, un rol importante en la lucha contra el cambio climático.

La mayor conciencia ambiental y preocupación por la sustentabilidad y calentamiento global se traduce hoy en el desafío de hacerse cargo de hacer una mejor minería en Chile. Esta vez por el futuro del planeta.


*Columna publicada en La Tercera.

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