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Entrevista a Marcos Robledo: “América Latina debe evitar caer en nuevas zonas de influencia"

Marcos Robledo, miembro del directorio de La Casa Común, es también profesor del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile y ex asesor de política exterior y política de defensa de la Presidenta Michelle Bachelet.


1. El mundo se encuentra actualmente en un momento histórico especial. Para unir esfuerzos ante la nueva epidemia, el cambio climático y otros desafíos comunes que enfrenta la Humanidad. Cooperar y compartir la responsabilidad es más importante que nunca. Sin embargo, algunos países occidentales abogan por "la teoría de los pros y contras de la civilización", "la teoría de los choques de civilización" y "la teoría del enfrentamiento de sistemas", que forman "alianzas de valores" y provocan conflictos ideológicos, son muy preocupantes. ¿Qué piensa de esto?


Coincido con la idea de que al mundo se encuentra en un momento histórico especial. La comunidad internacional se encuentra transitando una etapa en la que están ocurriendo un conjunto de transformaciones muy profundas, las que -desde una perspectiva histórica- han ocurrido en un periodo relativamente muy breve de tiempo.

Un primer tipo de transformación corresponde a la crisis de la gobernanza neoliberal del proceso de globalización, resultado de un conjunto de hechos encadenados. El neoliberalismo -que básicamente descansa en la idea de la primacía del interés privado por sobre el interés público- fue impuesto internacionalmente como paradigma para la gobernanza internacional desde fines de los 70 como respuesta a la crisis de acumulación de la economía mundial. Curiosamente, el primer país que lo aplicó fue Chile, a partir de 1975. Pero desde 1979 sería aplicado por Estados Unidos e impuesto a gran parte del mundo (América Latina, Europa Oriental, Asia, África y Medio Oriente), a partir de la renegociación de la crisis de la deuda externa, en torno a las políticas del “Consenso de Washington”.

Los 50 años de gobernanza neoliberal han tenido consecuencias muy profundas y de alcance mundial. Una de las consecuencias ha sido que la relocalización global de las inversiones ha reorganizado la economía internacional, pero también ha redistribuido el poder internacional, caracterizada por la emergencia de nuevos actores. Se transitó de ese modo desde un mundo unipolar, a uno multipolar, pero con nuevos actores, un nuevo orden post euro y post anglo céntrico.

Otro efecto ha sido el incremento de la desigualdad entre y al interior de los países. Entre 1980 y 2018 el 1% más rico del mundo aumentó su participación desde el 16% al 24% del PIB mundial. Es decir, el 2018 el 1% más rico ganó casi lo mismo (US$ 15,2 trillones) que PIB de la Unión Europea (US$ 17,3 trillones). La combinación de la desindustrialización y relocalización de las inversiones industriales, y el aumento de la desigualdad originó una grave crisis de las instituciones políticas. La primacía del mercado sobre las instituciones democráticas multilaterales y nacionales de toma de decisiones originó una crisis sin precedentes en la legitimidad de la democracia tanto en Estados Unidos como en Europa, pero también en otras regiones del mundo, como en América Latina.

El agotamiento de la legitimidad del neoliberalismo como modo de dominación desató un periodo de movilizaciones sociales muy masivas y simultáneas. No ha sido un proceso dirigido desde arriba, sino que ha sido desarrollado “desde abajo” a pesar de la resistencia de las elites, en Europa, en Estados Unidos y en América Latina. América Latina no ha sido ajena a este proceso, y sólo en el periodo más reciente se han visto movilizaciones masivas en Colombia, Perú, y Chile, como también en Ecuador, Bolivia y Brasil. Sin embargo, la resistencia a la dominación neoliberal en América Latina se inició fines de la década de los años 90, dando paso al regionalismo post liberal o post hegemónico, como parte de un proceso sostenido y creciente de disputa y contestación social y política entre la dominación neoliberal y quienes proponen paradigmas alternativos.

La crisis democrática, incluyendo la crisis en América Latina, ha tenido consecuencias políticas internacionales. Ha generado una ola de críticas legítimas a la desigualdad y al carácter antidemocrático de la globalización, a partir de las cuales ha concluido el periodo de globalización neoliberal, y se ha abierto una etapa de búsqueda de nuevos paradigmas de desarrollo y de construcción de un nuevo tipo de gobernanza internacional. Algunas de las respuestas a la crisis de la globalización son preocupantes y negativas, siendo observable el renacimiento de nacionalismos muy agresivos, y de proyectos políticos neo facistas. Ése fue el caso de la elección de Donald Trump en Estados Unidos, o de líderes nacionalistas en Europa, pero también de neofacistas y nacionalistas en América Latina, como Bolsonaro en Brasil.

En el caso de América Latina, las movilizaciones contra la desigualdad están originando procesos legítimos de revisión de las políticas neoliberales y la búsqueda de nuevos paradigmas de desarrollo. Hasta ahora las movilizaciones sociales están generando además un recambio en los liderazgos políticos, pero también en la forma de pensar el desarrollo, y ha ido creciendo la conciencia acerca de la necesidad de un desarrollo sostenible, así como de urgencia de que los países de América Latina avancen hacia un desarrollo post extractivista.

La crisis de la globalización neoliberal también abrió una etapa de crisis de la gobernanza y de incremento de la inestabilidad internacional. Esto se vio reflejado en la creación del G20, así como en la creciente competencia geopolítica global.

Los cambios estructurales son periodos inestables y deben ser gestionados con prudencia y con respeto a los principios del Derecho Internacional y del multilateralismo. En esta nueva etapa, la comunidad internacional se encuentra ante el desafío de construir una gobernanza internacional más democrática, basada en el Derecho Internacional, en el multilateralismo y en el deber de cooperar, y capaz de conciliar las legítimas aspiraciones del conjunto de los estados, en un ambiente de paz y de estabilidad internacional.

En el caso de América Latina, la región ha desarrollado desde el Siglo 19 y hasta hoy una rica y poderosa tradición diplomática orientada a la construcción de un mundo basado en reglas, en el reconocimiento de la igualdad de los estados y de la no intervención. América Latina es la única región del mundo que ha prohibido todas las armas de destrucción masiva (atómicas, químicas y bacteriológicas), y tiene una importante tradición de solución pacífica de controversias, por lo que se reconoce como una zona de paz, aporta con su propia estabilidad a la paz y la estabilidad internacional.

La crisis democrática y el ascenso del nacionalismo han conducido a una crisis del regionalismo multilateral. Instituciones fundamentales para el entendimiento de la región con China, pero también con el conjunto de los actores internacionales, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), han sido debilitadas por los gobiernos nacionalistas. La región ha retrocedido en su capacidad para actuar como un interlocutor regional en la política internacional. Debido a esas consideraciones, el desafío político más importante de los estados latinoamericanos es reconstruir el regionalismo latinoamericano, fortalecer su autonomía política, y contribuir como región junto a todos los actores políticos internacionales, a la construcción de la nueva gobernanza internacional.


2. Desde principios del siglo XXI, con la aceleración del proceso de globalización, las interacciones entre diferentes economías y civilizaciones se han vuelto más frecuentes y los problemas globales provocados por la globalización se han vuelto cada vez más prominentes. La iniciativa "La Franja y la Ruta" y el concepto de “una comunidad de futuro compartido para la humanidad” propuesto por China son la "Sabiduría china" y el "Plan chino" propuestos en respuesta a problemas globales, con el objetivo de construir una comunidad de destino compartido. ¿Cómo ve el papel y la importancia del diálogo entre civilizaciones?

El diálogo entre las distintas culturas y regiones es esencial en la política internacional, y se relaciona estrechamente con un segundo tipo de transformaciones que se encuentran en desarrollo desde una perspectiva de tiempo más larga.

En América Latina se observa con interés el “Sueño Chino” y el “Retorno a la normalidad histórica”. Desde esta región también se desarrollan procesos de reflexión de largo alcance que “conversan” con distintos tipos de reflexiones de alcance mundial en desarrollo en distintas partes del mundo, especialmente en el sur global.

En América Latina la crisis de la globalización también es extendida entre amplios sectores como la crisis de la más reciente etapa de un sistema de dominación y explotación económica del Norte sobre el Sur, organizado sobre las ideas de la modernidad, que dominó el mundo a partir de la era colonial (Siglo XVI), basada en una economía capitalista y en un conjunto a jerarquías raciales, étnicas, sexuales, epistémicas, económicas y de género. América Latina fue la primera región que se emancipó de esa dominación, a partir de comienzos del siglo 19, aunque sólo parcialmente. Esto, porque los nuevos estados latinoamericanos pasaron a integrarse al mismo sistema bajo un nuevo estatus jurídico-político, pero reprodujeron las mismas relaciones económicas coloniales (capitalismo dependiente extractivista y rentista), así como en las mismas relaciones sociales coloniales racializadas y patriarcales, pero organizado como comunidades políticas periféricas y dependientes del centro capitalista.

La crisis de la globalización constituye, de este modo, una modificación de esa dominación de largo plazo en dos dimensiones. La primera dimensión actualmente en disputa es la hegemonía global del euro-anglo centrismo. Aunque ese cambio hoy parezca natural, en realidad constituye una transformación estructural respecto de un orden de 600 años y es, en ese sentido, más profunda y de largo aliento.

La segunda dimensión del cambio más profundo en el contexto de la crisis de la globalización, es que los procesos de movilización social, como los que se desarrollan en América Latina y en otras regiones, tienen rasgos innovadores, porque en estos participan de manera creciente nuevos actores sociales que, a su vez, están introduciendo reivindicaciones y agendas políticas que se suman a las reivindicaciones históricas y tradicionales de los actores sociales por mayor democracia e igualdad, pero que constituyen transformaciones estructurales del orden político de las sociedades.

Así ocurre, por ejemplo, con las movilizaciones sociales de los pueblos indígenas o primeras naciones, que han logrado constitucionalizar relaciones interculturales en un número creciente de estados latinoamericanos, varios de los cuales, como Bolivia o Ecuador, han devenido en estados plurinacionales.

Lo mismo ocurre con las movilizaciones feministas en toda la región latinoamericana. En Chile, las movilizaciones feministas han logrado que la asamblea constituyente que actualmente redacta la nueva constitución a partir de julio de 2021, tenga una integración paritaria, por lo que es altamente probable que Chile tenga dentro de poco tiempo una constitución transversalizada desde una perspectiva de igualdad de género.

En el caso de Chile, en la reciente instalación de la Convención Constitucional que ha comenzado a redactar la nueva constitución del Estado, los delegados han elegido a Elisa Loncón, una destacada académica y activista del pueblo mapuche, dando una fuerte señal de que muy probablemente la nueva constitución organizará por primera vez en su historia desde el Siglo XVI, un estado plurinacional y basado en la igualdad de género.

Lo mismo puede decirse sobre las crecientes movilizaciones en la región latinoamericana contra el capitalismo rentista y extractivista, que permiten imaginar un futuro post extractivista y sostenible ambientalmente. Se trata de procesos de cambio que, en su conjunto apuntan a transformar las relaciones de poder establecidas en el orden mundial desde el Siglo XVI y que, junto con la nueva estructura multipolar, permiten también imaginar una futura comunidad internacional muy distinta y organizada de manera muy diversa, más intercultural.

Sobre la base de ese tipo de perspectivas de largo aliento, como entre otras, que existen fundamentos importantes para promover un diálogo entre los distintos pueblos y civilizaciones con una perspectiva mundial, basado en las distintas experiencias históricas de cada cultura.

Los países de América Latina, como Chile, tienen una centenaria tradición promoviendo la construcción de un orden internacional respetuoso de la diversidad, no hegemónico y basado en reglas. Luego de la Segunda Guerra Mundial, la región latinoamericana apoyó con fuerza los procesos de descolonización, y posteriormente también contribuyó de manera importante al nacimiento de las Naciones Unidas y a la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y se sumó con entusiasmo el desarrollo del no alineamiento. Chile, en particular, fue el primer país sudamericano que reconoció a la República Popular China.

Más recientemente, Chile ha promovido con fuerza una inserción más diversa en el mundo, abriendo su relacionamiento desde América Latina hacia sus vínculos históricos con Europa y los Estados Unidos, hacia el Asia Pacífico, China y, más recientemente, India y África. En esta nueva etapa, marcada por la creciente dispersión global del poder político y económico, la comunidad internacional se encuentra ante la posibilidad de construir un diálogo basado no sólo en normas jurídicas, sino en el respeto y la promoción de la diversidad cultural.


3. Aunque China y América Latina están muy alejadas, las relaciones económicas y comerciales se han desarrollado rápidamente en los últimos años, superando los 300.000 millones de dólares durante tres años consecutivos. Desde el brote de la pandemia el año pasado, China ha donado más de 30 millones de suministros y equipos médicos que se necesitan con urgencia a 30 países de América Latina, ha realizado más de 40 videoconferencias de intercambio de experiencias y ha proporcionado vacunas a más de 10 países de América Latina en necesitar. Sin embargo, la presencia de China en América Latina ha sido aclamada como "neocolonialismo" por algunos medios occidentales, lo que no solo desacreditó la imagen de China, sino que también generó algunas dudas entre los latinoamericanos. ¿Qué piensa de esto?

La pandemia del Covid 19 ha golpeado duramente a la población mundial, pero ha variado dependiendo del contexto regional y nacional. En el caso de América Latina el impacto de la pandemia se ha visto agravado por la alta desigualdad que predomina en las sociedades de la región. Hasta junio de 2021 América Latina había sufrido el 32% del total mundial de fallecimientos, a pesar de tener el 8,4% de la población mundial. En ese contexto, la cooperación de China para proveer la vacuna ha sido fundamental para salvar miles de vidas. En el caso de Chile, el 23 de julio había sido vacunada el 63% de la población, y casi el 75% de ésta había sido inoculada con vacunas producidas en China. La pandemia ha sido una oportunidad que ha fortalecido poderosamente la amistad y la cooperación de Chile y la región con China.

También es esperable que la cooperación económica entre China y América Latina se recupere a medida que ambas partes vayan superando la pandemia. China ha sido el único mercado mundial que mantuvo un crecimiento positivo durante la pandemia. Sin embargo, la nueva etapa de la cooperación será una “nueva normalidad”, distinta al periodo anterior al Covid, caracterizada tanto por los cambios en el contexto internacional, en particular la creciente tensión política y comercial entre Estados Unidos y China, como por la propia evolución de China, como de América Latina.

Globalmente, se encuentra en marcha una reorganización de las cadenas de valor y una reducción de la interdependencia económica y tecnológica entre Estados Unidos y Europa, como entre Estados Unidos y China; así como una economía mundial más regionalizada, organizada en torno a América del Norte, Europa, y Asia Oriental y Sudoriental.

Regionalmente, en las últimas dos décadas América Latina ha experimentado una transformación importante de su inserción económica internacional, tradicionalmente concentrada en Europa y Estados Unidos, además de la propia región. Mientras México, Centro América y el Caribe han consolidado su integración a la zona NAFTA, los países de América del Sur han establecido un nuevo vínculo estructural con China y el Asia Pacífico, relación que se han profundizado con la pandemia.

En ese contexto, en la etapa abierta con la pandemia, China y los países del Asia continúan exhibiendo un mayor dinamismo, por lo que el vínculo comercial con América Latina, y especialmente América del Sur, continuará siendo esencial.

El vínculo entre China y América Latina en la nueva etapa debería tomar en consideración ese nuevo contexto. Desde una perspectiva política tres parecen ser los desafíos más importantes.

El primero será la capacidad que tengan China y América Latina para contribuir, junto con el conjunto de los actores políticos internacionales, a la tarea global de construcción de una nueva gobernanza internacional y de nuevos paradigma de desarrollo post neoliberal, que permitan avanzar hacia una clara primacía del interés público sobre el interés privado, y un renovado rol del Estado. Uno de los ámbitos más importantes en la búsqueda de un nuevo paradigma de desarrollo es la cooperación internacional para alcanzar acuerdos compartidos, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Estos incluyen una movilización global contra el cambio climático que constituyen una vigorosa acción concertada de los estados y la sociedad civil internacional para dirigir una transición productiva global hacia una economía verde y post antropocénica que permita cumplir los acuerdos de la Cumbre de París de cambio climático, luego de la más grave falla de mercado de la historia, como es la crisis medio ambiental.

Un segundo tipo de desafío político es que en este diálogo, América Latina contribuya a la construcción de un nuevo paradigma de desarrollo y a una nueva gobernanza internacional, dialogando con todos los actores políticos internacionales para mantener su autonomía en el nuevo escenario internacional en configuración. América Latina debe mantener su vínculo político, económico y comercial diverso con Estados Unidos y China, junto con Europa y el sur global. La región debe evitar caer en nuevas zonas de influencia y debe cautelar su autonomía política internacional. Los conflictos en la región, como el de Venezuela, entre otros, no deben ser sean capturados en una nueva disputa geopolítica global.

El desarrollo latinoamericano exige que América Latina avance hacia un regionalismo renovado en el que la integración será clave para la salida de la crisis. América Latina puede avanzar hacia un mercado de 650 millones de habitantes que podría constituir un espacio con una escala y una estabilidad importante desde la cual contribuir a la estabilidad global. Ello permitiría reducir la vulnerabilidad regional ante interrupciones del suministro como las ocurridas durante la pandemia de COVID-19 y ante la fragmentación de la globalización económica. Una mayor concertación regional es necesaria para generar una interlocución más simétrica con los principales actores de la política y de la economía mundial en una etapa de menor cooperación multilateral.

La relación de la región latinoamericana con China continuará siendo decisiva para los procesos de integración regional en el cambiante escenario económico internacional. Junto con la importancia del intercambio comercial, se observa un incremento de la inversión extranjera directa de origen chino en América Latina, y es posible observar asimismo un interés convergente entre la propuesta de la Ruta de la Seda, y en particular de los proyectos sobre infraestructura y conectividad física y digital en América Latina. Debido a que las inversiones de los países latinoamericanos hasta ahora han sido insuficientes para saldar las brechas de infraestructura de transporte, esenciales tanto para una mejor inserción de la región en un periodo de reorganización de las cadenas de valor, como para la integración regional, la inversión internacional continuará siendo importante para el desarrollo y la integración de la región.

Un tercer desafío político es entonces que la cooperación entre China y América Latina contribuya los procesos que han puesto en marcha las sociedades latinoamericanas para lograr una recuperación post neoliberal sostenible frente a la pandemia del Covid 19, consolidar sus democracias, revertir las profundas desigualdades que la afectan, y llevar adelante una transformación productiva post extractivista, intercultural, e igualitaria desde una perspectiva de género, pero también con políticas industriales sostenibles, tanto social como ambientalmente.

Los desafíos de la cooperación entre China y América Latina son, desde esta perspectiva, más complejos y más ambiciosos que los desarrollados hasta ahora por las dos regiones y son, fundamentalmente, políticos. América latina y China se encuentran ante la oportunidad y el desafío de dialogar y de cooperar ante la crisis de la globalización neoliberal, pero también ante la crisis del largo ciclo de la modernidad, y dialogar sobre el orden internacional que está emergiendo y al cual deberían contribuir a reconfigurar.

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