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¿Y tú, te vas a vacunar? Kit de guerrilla para enfrentar escépticos

Por Carla Montecinos (columnista) y Paz Santander (editora) de Chile Científico.


Sinceramente, ya tenemos suficiente caos alrededor como para añadir malos entendidos con los que queremos. Amigas anti-vacuna, vecinos complotistas, padres que no quieren usar máscaras porque “generan hipoxia”. Si alguna vez has estado en una situación similar, o si tú mismo eres uno de esos escépticos, aquí te va un kit de guerrilla para sobrellevar la conversación sin dañar la amistad.


En estos momentos, Chile está llevando a cabo la mayor campaña de vacunación de su Historia. En cada conversación, la pregunta que más se repite es “Y tú, ¿te vas a vacunar?”.

Es válida y hasta parece inofensiva, pero, entre tanta teoría conspirativa y noticias falsas, abre discusiones a veces difíciles de llevar.


La verdad es que la desinformación se filtra rápidamente incluso en nuestros protegidos círculos y, enfrentarla puede acarrear peleas más acaloradas y con efectos más duraderos en nuestros lazos afectivos. Para ese próximo encuentro, te dejamos algunos consejos:

1. Identificar al REAL enemigo

No, no es la persona que te está porfiando, el real enemigo es la desinformación. Para enfrentarlo, primero es necesario bajar del pedestal de la moralidad o del conocimiento científico. Segundo, entender que el otro no es tonto ni un supervillano en potencia que quiere contagiar todo a su alrededor, lo más probable es que esa persona esté actuando según lo que ella considera “lo más correcto” basado en la información que posee.


Aquí corren todos los prejuicios y sesgos cognitivos que tanto tú como tu interlocutor traen de su historia de vida. Por mucho que nos creamos “lógicos” e inmunes a los sesgos cognitivos, están ahí y somos víctimas de ellos. Lo primero es reconocerlo, no invalidar a la persona frente tuyo y recuerda que tu enemigo es la desinformación y la falta de diálogo.

Tip: Pregúntale si quiere hablar del tema o quiere que le envíes información. No impongas tu verdad si no te la han preguntado. La mayoría de las veces la respuesta a la pregunta “¿Quieres que te cuente lo que yo sé sobre las vacunas?”, será afirmativa.

2. Comenzar desde el terreno en común

Habitualmente hay más puntos en común que los que crees y sobre todo, si hablas dentro de tu círculo cercano, aún con el más escéptico de nuestros tíos que difunden cadenas de dudosa procedencia por whatsapp. Preocupación por la abuelita que ya está muy delicada de salud; ganas de reencontrarse con el amigo que no ves hace meses; ansias por volver a trabajar. Parte por ahí, empatizando y hablando desde el terreno en común. Debemos recordar que “el otro” no es el enemigo y que probablemente todos queremos lo mismo.: Salir lo más pronto y airosos posible de esta pandemia.


Tip: Tal vez no estamos de acuerdo en cómo combatir la pandemia, con o sin cuarentenas, abrir o cerrar el comercio, vacunarse o no vacunarse. Pero sí estamos todos de acuerdo en que, de caer enfermos, los síntomas pueden ser muy desagradables y la hospitalización muy riesgosa. Nadie quiere vivir con esas consecuencias, ¿está dispuesto a asumirlas?

3. No caigas en la trampa de repetir la desinformación

Si tus discusiones se dan más en el ambiente virtual ten cuidado de no propagar el mensaje que quieres desmentir en el intento. No le des RT citándolo con un emoji furioso (mejor saca un pantallazo para guardar la evidencia) y, sobre todo, antes de largarte con la información (o crítica), primero advierte del conflicto al lector.


Un estudio realizado por Hubspot estimó que, en promedio, sólo 1,64% de los links en Twitter son efectivamente abiertos. La mayoría de los usuarios más bien leen de manera distraída los titulares. Entonces, antes de explicar lo que vas a desmentir, alerta con grandes letras que lo que viene a continuación es falso, incompleto y/o sensacionalista.


Tip: Da vuelta las cartas, busca una narrativa. En vez de hablar de por qué las vacunas son seguras, habla de cómo era el mundo antes de las vacunas, por ejemplo, cómo en la actualidad, hay países en África en que las madres no nombran a sus bebés antes de los 2-3 años, porque no saben si sobrevivirán. Pero no nos quedemos en el terror, seremos más efectivos si, además, contamos cómo las vacunas podrían cambiar esa realidad si tuvieran acceso a ellas.

4. Sé honesta/o y transparente

No podemos estar al tanto de todos los últimos descubrimientos, noticias y anuncios respecto al Coronavirus. Es un trabajo de tiempo completo y horas extras.


Por lo tanto, escoge bien tus fuentes (la OMS es un buen punto de partida). Pero, además, debemos ser criteriosos y entender que nadie es experto en todo. Un epidemiólogo, por mucha experiencia y grados académicos que tenga, no es experto en macroeconomía. Y una bióloga celular no entiende mucho de control de epidemias. Cada quien a los suyo. Esto aplica también a ti mismo y quien tienes al frente.


Tip: Hay una diferencia importante entre la intención de informar y la de persuadir a pensar como tú. Para lograr persuadir, la información pasa a ser secundaria y, ojo, que esa es la estrategia de aquellos que desinforman, son capaces de crear complejas teorías para auto-convencerse de que sus ideas preconcebidas están en lo correcto. Si queremos informar, presentamos evidencia. El cambio de opinión será una consecuencia, no el fin.


5. Elige tus batallas

Si, después de tu mejor esfuerzo de no agresión, ser empática/o, presentar bien la información y con honestidad, quien está frente tuyo o al otro lado de la pantalla, no cambió en nada su idea. No pierdas la esperanza y, sobretodo, no lo tomes personalmente.


Tip: Mejor toma un descanso, y prepárate para la próxima.

Esperamos que en unos meses más y después de conversaciones más o menos acaloradas, avancemos hacia la pregunta: “Y tú, ¿ya te vacunaste?”.

Bonus: te dejamos guía interactiva por los argumentos y contraargumentos más comunes en estas discusiones. Para tu dispositivo móvil y escritorio.


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